sábado, 5 de noviembre de 2011

"INTERVENCIÓN POLICIAL"

Salíamos de un restaurante mi esposo y yo. Caminábamos por la acera, conversando amenamente. Ambos nos dirigíamos al colegio de mi hijita para recogerla. Mi esposo iba uniformado. De pronto casi para llegar a la esquina de la calle, vimos frente a nuestros ojos, a  cuatro personas volando por los aires,  cayendo al pavimento bruscamente. Parecian trapecistas en un número de circo. Sin embargo, había sido el impacto de un violento choque, entre una moto lineal y un motocarrista, como aquí le llaman. Entre las cuatro personas que salieron disparadas, había una mujer. Todos se levantaron mal heridos, menos la chica, que seguía inconsciente en la pista. La moto, totalmente afectada.  El motocar, casi no sufrió daño alguno y su dueño, sólo tenía raspones en los brazos. Inmediatamente salió de mi garganta un grito despavorido. Le dije a mi esposo: -¡Por favor, ayúdalos!, pero por mis nervios, no me había dado cuenta, que él ya se encontraba en la escena. Todo sucedió tan rápido. En la pista yacía un pedazo de piel con cabello, era de la chica. Tenía la cabeza rota. La sangre corriendo como río. El cuadro era realmente aterrador. La gente se amontonó como siempre. En vez de ayudar, sólo miraba, sin atinar a hacer algo. Hasta que mi esposo con ayuda de  otro transeúnte que por ahí pasaba y que también vio el accidente; la levantaron y la llevaron a la Clínica que sólo estaba a 15 pasos del lugar. Veía a mi esposo, correr de un lado a otro, ayudando a los demás heridos. Luego, pidiendo los documentos, DNI, SOAT  y otros, a los causantes del choque. Y como siempre, ninguno tenía la documentación en regla. Llamó a sus colegas pidiendo apoyo. Nuevamente entraba y salía de la Clínica, preocupado por la salud de la chica y con su celular, tratando de avisar a sus familiares. Los dueños de las unidades móviles, peleando, echándose  la culpa de lo sucedido. -¡Fue tu culpa¡-, -¡Tú te metiste!-, y un sinfín de improperios. Hasta que en un momento mi esposo se dio cuenta, de que yo seguía estática, totalmente aterrorizada por el fatal accidente y se acercó a mí. Sus brazos estaban manchados de sangre. Su uniforme igual. Me miró tiernamente y me abrazó. Me dijo: -¡No te preocupes-, -¡Todo está bien!-. -Esa es mi labor policial  y estamos para ayudar-. Entonces comprendí lo arriesgado de esta profesión y que mucha gente a veces critica, sin imaginarse para nada, todo lo que el policía pasa en las calles. Algunos policías,  muchas veces no regresan y dejan a sus familias en la más triste desolación, porque algunos delincuentes les dispararon, causándoles las MUERTE.  Entonces conmovida,  lo abracé fuertemente y me sentí orgullosa de su trabajo. Nunca antes lo había visto en una emergencia. DEDICADO; DISPUESTO TOTALMENTE A AYUDAR. Más tarde llegó el apoyo del 105. Parecía el final de una película norteamericana, de esas policiales que a muchos emocionan, pero que sólo se ven en la ficción. Los colegas saludaron a mi esposo y luego subieron a las personas que propiciaron el choque, para llevarlas a la comisaría y tomarles su manifestación. Más tranquila...y del brazo de él...regresamos a casa! Y yo,  en silencio, pidiéndole al Señor que siempre proteja a mi esposo de todo peligro...PARA TODOS LOS VALEROSOS POLICÍAS, QUE ARRIESGAN SU VIDA EN LAS CALLES... MIS ORACIONES...Y PARA LOS QUE YA NO ESTÁN...TAMBIÉN!.


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